La dimensión filosófica de los seres humanos

¿Podemos vivir sin atender ni cultivar nuestra dimensión filosófica?

-Sí, pero, indefectiblemente, sentiremos sus efectos.

Nos ocurrirá algo análogo a lo que sucede en los eclipses:

En un eclipse solar, la luna opaca la superficie del sol, de modo que la luminosidad que normalmente vemos durante el día se debilita. Lo único que vemos mientras el eclipse tiene lugar es la corona del sol: el sol es ocultado por la luna y la corona solar se evidencia ante nuestra mirada.

Es decir, cuando este fenómeno tiene lugar, no vemos realmente el Sol, la Luna y la Tierra alineadas, que es lo que realmente ocurre, sino que sabemos que esta coincidencia cósmica está teniendo lugar debido a sus efectos: todo frente a nosotros se oscurece.

Pues bien, esto es lo que pasa, a veces, cuando sentimos que nuestra vida se opaca de alguna manera. En general, no nos resulta fácil vislumbrar qué es lo que origina este ensombrecimiento; no solemos ser conscientes de las causas últimas que están apagando o debilitando nuestra vida.

Ahora bien, aunque no seamos conocedores del trasfondo de lo que nos pasa, sí sentimos los efectos que este genera en nuestra vida, pues con frecuencia adoptan la forma de distintos tipos y grados de sufrimiento o malestar existencial: altibajos emocionales, sensación de vacuidad o sinsentido, falta de objetividad, incapacidad para disfrutar, falta de energía y de vitalidad, falta de claridad, tristeza, etcétera.

Los seres humanos compartimos la inquietud por comprendernos y comprender el mundo que nos rodea. Somos una especia curiosa que se interroga por las causas y los porqués de lo que nos sucede y de lo que acontece a nuestro alrededor.

¿Te conoces a ti mismo? ¿Examinas tu vida? ¿La comprendes? ¿Eres consciente de las creencias básicas que albergas sobre ti mismo y sobre la realidad —de tu filosofía de vida—? ¿Tienes idea de cómo algunas de estas creencias están determinando y limitando tu vida en el presente? ¿Sabes por qué funcionas y reaccionas del modo en que lo haces? ¿Comprendes las raíces de tu sufrimiento? ¿Te satisface tu vida? ¿Vives la vida que realmente quieres vivir? ¿Ves la vida con objetividad? ¿Sabes qué hay detrás de tus dramas emocionales más recurrentes?

Estos interrogantes que, en mayor o menor medida e intensidad, todos nos hemos formulado alguna vez; esta necesidad de conocer y comprender nuestro universo interno y externo; este anhelo de conocimiento, intrínseco a la condición humana, proviene de nuestra dimensión filosófica. Una dimensión, que lamentablemente no solemos cultivar y que, en mayor o menor medida, suele permanecer dormida.

Y es que, ciertamente, pareciera que podemos vivir sin cuidar este ámbito de nuestra vida; que no es necesario o útil dedicarle tiempo y energía a esta tarea de autocuestionamiento, autoindagación y autotransformación.

Y verdaderamente es así; podemos vivir sin atender las preguntas existenciales que provienen de nuestra dimensión filosófica; aunque, indefectiblemente, sentiremos los efectos de este descuido.

Detrás de buena parte de nuestro sufrimiento mental y emocional y de nuestras conductas más reactivas e ineficaces anidan creencias que hemos ido asumiendo, fruto del condicionamiento y de la inconsciencia.

A lo largo de nuestro recorrido vital vamos asumiendo ideas sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea.

Algunas de las creencias básicas que albergamos sobre nuestra identidad nos han desconectado desde hace tiempo de nosotros mismos, actuando a modo de un velo que filtra y distorsiona nuestra autopercepción, la percepción de los demás y de la realidad; una distorsión que, mientras no hagamos algo al respecto, terminará abocándonos ineludiblemente a distintos estados y niveles de desorientación, insatisfacción y sufrimiento evitables.

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